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miércoles, 22 de septiembre de 2010

El Coloso del bicentenario

HUBIERA PREFERIDO NO ENTERARME, PERO LA CURIOSIDAD ME MATABA.

El creador de la pieza, Juan Canfield, declaró el fin de semana haberse basado en los rasgos del contrarrevolucionario mexicano Benjamín Argumedo, enemigo a muerte de Francisco Villa que peleó al lado de Victoriano Huerta, golpista y considerado traidor a la patria por asesinar a Francisco I. Madero.

“No se le seleccionó por su participación en la Revolución (...) sino más bien por su aspecto físico. Un hombre muy fuerte, con un carácter, con unos bigotes así súper revolucionarios”,dijo Canfield en una entrevista a Canal Once.



Ahora resulta que en el costoso festejo tenía como figura principal a un personaje que estuvo del lado de los contrarevolucionarios. Quiero pensar (yo no estuve presente) que en el Zócalo retiraron esa estatua como la estatua de Stalin simbolizando la caída de la dictadura.

Que alguien me explique.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Mujeres 1810-1910-2010




Bicentenario

La condición de la mujer indigena no ha cambiado.

¿Qué celebramos en el tan mentado bicentenario?

Luisa Martínez, Altagracia Mercado...

Luisa Martínez, esposa de un Guerrillero apodado "El Jaranero". Estuvo junto a su marido peleando, hasta que en Erongarícuaro (Michoacán) perdieron la batalla y junto con los hombres fue echa prisionera. En el cementerio del pueblo los fusilaron. Cuando le tocó su turno gritó con todas sus fuerzas: "Como mexicana tengo el derecho de defender a mi patria". Acto seguido se desplomó abatida por las balas.

Altagracia Mercado, "Heroína de Huichapan" (Hidalgo), de su propio dinero armó un pequeño ejército en cuanto se enteró de la lucha por la libertad. Se puso a la cabeza y dio la pelea a los realistas. Desgraciadamente en un encuentro desafortunado perdió el combate y cuando se fijó sólo quedaba ella en pie. Sin demostrar temor, al contrario, con la valentía que la caracterizaba, siguió peleando hasta que la capturó el enemigo. Su valor causó mucha admiración a los jefes españoles y como la costumbre era no tomar prisioneros sino fusilarlos, ordenó el coronel que los comandaba que la dejaran en libertad diciendo: "Mujeres como ella no deben morir".

Con valentía y arrojo María Soto la Marina ayudó a las tropas del general Francisco Javier Mina. Las huestes de los realistas se enfrentaron con los insurgentes cerca del río del mismo nombre que la heroína, pero no contó el general Mina con un enemigo quizá más poderoso (la sed), pues los españoles estratégicamente se habían apoderado del río; no podían romper el cerco para llegar hasta el agua. Al darse cuenta la valiente mujer, saliendo de la retaguardia tomó dos cántaros y sin importar las balas enemigas comenzó a traer agua para que tomaran los soldados insurgentes. Una y otra vez atravesó las líneas enemigas sin importar su seguridad, hasta que todos pudieron calmar su sed sin que sufriera ningún daño.

Algunas son célebres, otras no tanto, pero todas lucharon por un mismo deseo: ver a su patria libre. Todas sufrieron el flagelo de la guerra y muchas de ellas fueron fusiladas sin tener un juicio justo.

Así tenemos a Mariana Anaya, Petra Arellano, Francisca Torres, Antonia Ochoa, María Dolores Basurto y su hija Margarita, Carmen Camacho, María de Jesús Iturbide, María Antonia García, Gertrudis Jiménez, María Andrea (La Campanera), Juana Villaseñor, Josefa Sixtos, Antonia Piña, y muchas más que ofrendaron su vida por la patria.
 
Fuente: Organización Editorial Mexicana, Diario de Xalapa, 13 de septiembre de 2007

María Talavera Broussé *

1867 - Ensenada, Baja California, septiembre de 1946), integrante del Partido Liberal Mexicano y compañera sentimental de Ricardo Flores Magón durante su exilio en los Estados Unidos.

María Talavera era madre de Lucía Norman cuando conoció a Flores Magón, a quien acompañó desde su años de prisión anteriores a la Revolución Mexicana de 1910. Pese a que compartían una apasionada relación sentimental y los ideales de la revolución social nunca se casaron.

Muerto Flores Magón y su hija Lucía, María Talavera vivió en Colima, lugar donde refería le habían quemado documentos y ejemplares de Regeneración y después en Michoacán donde, por recomendaciones de Lázaro Cárdenas, fue ayudada para que cambiara su residencia a Ensenada; ahí le construyeron una pequeña casa de adobe.

Hasta que la edad se lo permitió continuó difundiendo escritos anarquistas provenientes del centro del país. Murió en la miseria y sin familia en septiembre de 1946.

Fuente: * http://universidaddelinfierno.blogspot.com/2009_11_01_archive.html

Elisa Acuña y Rossetti*

Nació en Mineral del Monte, estado de Hidalgo en 1887. Recibida de maestra, se afilió al Club Liberal Ponciano Arriaga; se vinculó a los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón. En 1901 participó en el Primer Congreso de Clubes Liberales. Fue parte de la dirección del Partido Liberal Mexicano. En 1908 en el distrito de México fundó la organización Socialismo Mexicano, y en abril de 1910 participó en la organización de la Gran Convención Nacional que apoyó la candidatura de Francisco Madero a la presidencia mexicana.

En 1910 fundó el periódico La guillotina y de 1911 a 1912 colaboró en el Nueva Era. Atacó al dictador Victoriano Huerta mediante manifiestos y volantes, lo que le valió persecuciones. En 1914 se vinculó al partido de Emiliano Zapata, actuando como enlace con los carrancistas.

Después de finalizado el período revolucionario, trabajó en el Consejo Feminista Mexicano y en la Liga Panamericana de Mujeres y en el Departamento de Prensa de la Biblioteca Nacional (actual Hemeroteca Nacional). Murió en la ciudad de México el 12 de noviembre de 1946.

* Fuente: http://universidaddelinfierno.blogspot.com/2009_11_01_archive.html

Carmen Serdán Alatriste


Investigación y Guión: Conti González Báez. Carmen Serdán Alatriste nació en la ciudad de Puebla, el 11 de noviembre de 1873. Fue la primogénita del matrimonio formado por el Licenciado Manuel Serdán y Doña Carmen Alatriste de Serdán, nieta además del general Miguel Cástulo Alatriste, en cuya sangre palpitaban los ideales democráticos y las libertades ciudadanas por las que luchó hasta la muerte, los cuales trascenderían en su prole.

Tuvo tres hermanos: Aquiles, Natalia y Máximo, a quienes sus padres procuraron inculcarles el amor a la libertad y a los derechos humanos. Doña Carmen, a causa de las prolongadas ausencias de su marido Manuel, se encargaba prácticamente sola de la educación de sus hijos.

Carmen estudió en el Colegio Teresiano, una escuela particular para niñas, donde aprendió a leer y escribir. La situación económica de su familia le permitió acceder a estas artes que se consideraban innecesarias para las mujeres de su época.

Más tarde Natalia se casó, mientras que Carmen siguió soltera, abrazando las ideas revolucionarias y la causa anti-reeleccionista de Francisco I. Madero. Luchó contra la dictadura porfirista desde el Partido Anti-Reeleccionista.

En forma clandestina, Carmen dedicaba las noches a pegar propaganda contra la dictadura de Porfirio Díaz y a repartir pólvora y dinamita entre los inconformes. En sus actividades secretas tuvo el seudónimo de "Marcos Serratos".

La joven no limitaba su trabajo a estas tareas, ya que también elaboraba bombas y hacía transacciones para la compra de rifles y pistolas para proveer de armas a las fuerzas revolucionarias.

Los dos hermanos varones de Carmen Serdán, al tener la edad suficiente, se afiliaron también al Partido Anti-Reeleccionista, de modo que junto con su madre y sus dos hermanas luchaban por terminar con la dictadura de Porfirio Díaz.

Aquiles Serdán abandonó sus estudios para dedicarse al comercio. En su calidad de negociante, realizó frecuentes viajes hacia los vecinos estados, durante los cuales tuvo la oportunidad de hacer amistad con los obreros que laboraban en las fábricas textiles de Puebla, Tlaxcala y Veracruz, constatando las inhumanas condiciones en que realizaban sus actividades.

Aquiles tuvo una activa participación en 1910 durante la campaña presidencial de Francisco I. Madero y, al fracasar las aspiraciones presidenciales de éste, tuvo que emigrar a San Antonio, Texas, en los Estados Unidos, a fin de escapar a la persecución que se desató contra sus seguidores.

Máximo, por su parte, llegaría a ser Presidente de la Delegación en Puebla del Partido Anti-Reeleccionista.

En octubre de 1910, Carmen viajó a San Antonio, Texas, en donde se entrevistó con Madero y llevó fondos a su hermano Aquiles. Los hermanos Serdán recibieron la instrucción de iniciar la Revolución en el estado de Puebla el 20 de noviembre de ese año. Poco después, Madero proclamó el Plan de San Luis, para llamar al pueblo de México a sumarse al movimiento revolucionario y los hermanos Serdán regresaron a México a continuar con sus actividades proselitistas.

La casa de doña Carmen Alatriste, ubicada en Santa Clara número 4, en la ciudad de Puebla, servía como punto de reunión para los correligionarios de la familia, a quienes hacían pasar a la casa con todo sigilo.

La policía local seguía de cerca los pasos de los Serdán; no pasó desapercibido el viaje a San Antonio y su regreso a nuestro país. Cuando llegaron a Puebla, el gobierno porfirista los acusó de conspiradores y decidió catear su casa. La familia Serdán tuvo conocimiento de tal decisión y sus integrantes, así como sus amigos, acordaron anticipar la fecha para iniciar el movimiento revolucionario y se concentraron en el domicilio familiar con las armas disponibles. Todos mostraron entusiasmo por la llamada a las armas.

El 18 de noviembre de 1910, cinco policías llegaron muy temprano a la casa de Santa Clara con una orden de cateo y arresto contra Aquiles Serdán. La casa tenía la puerta abierta y, al entrar, los policías fueron recibidos por una lluvia de balas y comenzó un intercambio de disparos. Durante los primeros momentos del combate cayó muerto Miguel Cabrera, el Jefe de la Policía de la Ciudad de Puebla y los policías restantes tuvieron que retroceder. Los antiporfiristas tomaron a uno de rehén y los otros dos huyeron para dar parte a las autoridades del hecho.

Desde el balcón, Carmen Serdán arengó al pueblo, incitándolo al grito de "¡Viva la no reelección!"

Después de eso, llegaron 400 soldados y 100 policías de refuerzo para aniquilar a los revolucionarios. La casa de Santa Clara fue rodeada y se inició un tiroteo que duró varias horas. Carmen participó activamente en la defensa contra las fuerzas porfiristas, resultando herida al subir a la azotea para proveer de parque a los revolucionarios.

Su hermano Aquiles, considerado uno de los mayores ideólogos y dirigentes de la Revolución, se había refugiado en el sótano de la casa y durante la madrugada del 19 trató de abandonar su escondite, pero fue sorprendido por un elemento de la policía que permanecía en custodia de la vivienda, quien le dio muerte. Fue uno de los primeros mártires que ofrendaron su vida en ejemplar sacrificio por la causa de la Revolución Mexicana.

Después del tiroteo, quince de los defensores habían muerto. Al cesar la resistencia dentro de la casa, Carmen Serdán, su cuñada Filomena del Valle y su madre fueron aprehendidas. Las acusaron de recargar las armas de los defensores durante el tiroteo, tal como lo había visto y declarado el polizonte Fregoso, infiltrado en la operación. Las tres mujeres fueron remitidas a la cárcel de La Merced y más tarde las recluyeron en el Hospital de San Pedro.

Carmen no se desanimó y continuó la lucha al lado de los revolucionarios. Después del golpe de Estado de Victoriano Huerta, Carmen participó en la Revolución mediante la Junta Revolucionaria en Puebla y sostuvo una entrevista con Venustiano Carranza. Distribuyó armas, fue correo a favor del movimiento e imprimió proclamas. Posteriormente se incorporó como enfermera en los hospitales de las fuerzas combatientes.

Al triunfo del constitucionalismo Carmen Serdán se retiró a la vida privada. Murió en Puebla, Puebla, el 21 de agosto de 1948, a la edad de 73 años.

Casi tres meses después de su muerte, el 18 de noviembre de 1948, el Diario Oficial publicó lo siguiente:

El Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, decreta:

Artículo único. Inscríbase con letras de oro, en los muros del Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados del Honorable Congreso de la Unión, el nombre de Carmen Serdán, paradigma del heroísmo de la mujer mexicana.

Carmen Serdán es recordada con un busto en la Ciudad de Toluca, que se localiza en el Jardín Andrés Molina Enríquez, en la calle Silvano López y que fue inaugurado en 1980. También hay una estatua suya en Monterrey, donde se le representa disparando su carabina y hay un monumento a su memoria en su ciudad natal.

En Puebla, frente al templo de Santa Clara, en la calle 6 Oriente, se encuentra el Museo de la Revolución, ubicado en la que fuera casa habitación de la familia Serdán. En él se exhiben periódicos, mobiliario, fotografías y artículos de la época que recuerdan el dramatismo de aquella gesta heroica y que recrean la vida de Puebla al inicio de la Revolución.

Aquiles, Máximo y Carmen Serdán se han convertido en símbolos de resistencia popular a la dictadura porfirista y se les considera iniciadores de la Revolución Mexicana.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza

Nació el 27 de enero de 1857 en San Juan del Río, Durango, en el seno de una familia muy pobre. Autodidacta, la lectura de Bakunin y Kropotkin, inclinaron su pensamiento hacia la corriente anarcosindicalista.

Se casó con un minero analfabeto llamado Cirilo Mendoza, a quien enseñó leer y escribir, a la edad de 12 años. Comenzó a colaborar en los periódicos El Diario del Hogar y El hijo del ahuizote a los 22 años . En 1897 por su defensa de los derechos laborales de los mineros de La Esmeralda, estado de Chihuahua, fue encarcelada en la prisión Minas Nuevas.

Una vez libre, fundó el Club Liberal Benito Juárez en 1899 y fundó el semanario Vésper en 1891. Desde sus páginas atacó al gobierno de Porfirio Díaz, a la Iglesia y al Estado. Perseguida, se trasladó a Ciudad de México y en 1902 reanudó la publicación de Vésper. Se afilió al Club Liberal Ponciano Arriaga ocupando en 1903 el puesto de primer vocal. Fue encarcelada por la policía junto a Camilo Arriaga, los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón y Juan Sarabia en la cárcel de Belén, y luego desterrada a Laredo, Texas.

Junto a Elisa Acuña y Sara Estela Ramírez continuó publicando Vésper, y con Acuña redactó el periódico Fiat Lux de tendencia socialista. En 1905 regresó a México y fundó Socialismo Mexicano, una organización conformada por grupos de obrero, y editó el periódico Anáhuac, órgano de difusión de la agrupación. Paralelamente colaboró en Excélsior.

Fundó Las Hijas de Anáhuac, grupo formado por unas 300 mujeres libertarias en 1907 y que pedían mediante huelgas mejores condiciones laborales para las mujeres. Porfirio Díaz, ordenó su deportación a los Estados Unidos.

En 1909, se adhiere al maderismo y funda el club feminista Amigas del Pueblo, donde participan Dolores Arana, Manuela y Delfina Peláez, Manuela Gutiérrez, Dolores Jiménez y Muro, María Trejo, Rosa G. de Maciel, Laura Mendoza, Dolores Medina y Jacoba González. Luego de un fallido intento de rebelión patrocinado por el Círculo Ponciano Arriaga termina encarcelada durante 3 años en las prisiones de San Juan de Ulúa, junto a Dolores Jiménez, María Dolores Malvaes y Elisa Acuña.

En 1911, participó en la elaboración del Plan de Ayala, y es encarcelada al declararse partidaria de Emiliano Zapata, quien al ser liberada la nombra coronela, encargándose de organizar el regimiento Victoria.

En 1914 dirigió en Chilpancingo, estado de Guerrero, el periódico La Reforma. Es detenida por 10 meses por zapatista en 1916 por el gobierno de Carranza. En 1919 funda El Desmonte, dedicado a la vida política y sindical; en 1921 funda una colonia agrícola experimental en el Estado de Morelos y en 1922 publicó ¡Alto!.

Fue directora del Hospital de Zacatecas, y entre 1925 y 1930 fue inspectora de escuelas federales en Querétaro y en Zacatecas. En 1930 editó el periódico Alma Mexicana y en 1932, Vésper entró en su cuarta y última época. En 1940, fundó el grupo La República Femenina, que sostenía que el desequilibrio social provenía del triunfo del patriarcado sobre el matriarcado. Continuó colaborando en diversos periódicos hasta su muerte, el 13 de julio de 1942 en la Ciudad de México.

Fuente: Biografía: Wikipedia,
Foto: www.cristinadramirez.com/images/figures/juana.jpg


Valentina Ramírez "La Valentina"


Valentina Ramírez Valentina fue una combatiente armada durante el periodo revolucionario, quien se unió al movimiento encabezado por Francisco I. Madero, participó en la toma de Culiacán Sinaloa y ganó el grado de teniente.

Es importante mencionar que sobre el caso encontré poca información. A este personaje se le conoce sobre todo a través de corridos y leyendas, pues Valentina era pobre y no contaba con estudios. Se dice que las canciones conocidas como corridos revolucionarios y películas han sido creadas para contar la historia de la Valentina.

Como se puede observar, Valentina Ramírez, es una mujer combatiente, de carácter imponente, que adopta un estilo masculino para combatir en la Revolución, lo cual indica que no es una soldadera tradicional, sino una combatiente, siempre esta armada y en lucha por sus ideales.

La reivindicación de “La Güera” Rodríguez

Por Otto Schobe A. María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio, conocida como “La Güera” Rodríguez, le salvó su lengua venenosa y bien informada cuando se defendió en la sede de la Santa Inquisición el 22 de marzo de 1811, acusada de herejía por haber “mantenido trato con el cura renegado, apóstata y excomulgado de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, en voz del inquisidor Juan Sáenz de Mañozca, quien agregó su conocida y amoral inclinación al adulterio, a la mancebía y a la bigamia”.

“La Güera” Rodríguez le cuestionó que cómo le hablaba de moralidad, si él tenía relaciones de sodomía con un efebo de no más de 16 años, novicio en el convento de San Francisco, según lo afirma Adolfo Arrioja Vizcaíno en su obra El Águila en la Alcoba. Lógicamente le levantaron los cargos de herejía porque no se “pudieron probar”.

Para Arrioja Vizcaíno, “La Güera” fue la primera mujer que ejerció el poder en México, a través de Iturbide, sin haber sido electa. Fue el enlace entre Iturbide, el virrey Apodaca y unos emisarios secretos que llegaron de España para negociar la Independencia de México.

Tuvo acceso a documentos confidenciales de la época y actuó como consejera política de Iturbide, tenía mucha experiencia en los juegos de poder que adquirió en la Corte de los virreyes. Según la terminología de la época, era una “mujer notoria”.

Pero de todas las amantes de Iturbide fue la única que realmente influyó políticamente sobre él. Fue temida y condenada, al igual que su hija, quien tuvo una relación erótica con Guadalupe Victoria, el primer presidente de México. En ese entonces, la opción de las mujeres era la casa o el convento. No solían andar inmiscuidas en la vida social y mucho menos en la política.

La condena pública de “La Güera” hizo que luego de su muerte sus descendientes destruyeran mucha de la documentación que ella guardaba. Los escándalos amorosos son ciertos, pero “La Güera” tuvo la inteligencia de usar su capacidad de seducción para intervenir en la vida política del país.

Uno de los documentos importantes que tuvo en sus manos, fue la carta que el rey de España, Fernando VII, envió al virrey Apodaca en 1820, donde le propone conseguir a un caudillo con fuerza y popularidad en el ejército para que hiciera tratos con los insurgentes.

El virrey le da la carta a “La Güera” para que se la muestre a Iturbide. Luego éste se la regresa a “La Güera”, seguramente para deshacerse de un documento tan comprometedor.

martes, 7 de septiembre de 2010

Antonia Nava Catalan

Antonia Nava es un personaje de la independencia de México. Se supone que nació en el actual estado de Guerrero, en el sur de México, en el año de 1780; y que debió morir en 1822, sin conocerse a ciencia cierta el sitio de su fallecimiento ni la causa.

Nava fue esposa del militar insurgente Nicolás Catalán, que participó en la guerra junto a José María Morelos y Pavón hasta su muerte. Al lado de Catalán siempre fue su esposa, razón por la cual su tropa la conocía como La Generala. Durante el sitio de Jaleaca, los insurgentes estaban desabastecidos de provisiones, razón por la cual Nicolás Bravo ordenó el sacrificio de algunos soldados con el propósito de ahorrar provisiones. Correspondió a Catalán la ejecución de la orden. Antes de que su esposo ejecutara a ningún soldado, Nava y Catalina González se propusieron para ser fusiladas, razón por la cual la dirigencia insurgente se desistió de la orden.

Catalán fue muerto en Jaleaca. Antonia Nava fue llevada ante José María Morelos por la tropa. Aunque el Generalísimo insurgente quiso consolarla, Nava se negó y dijo que no estaba ahí para llorar, sino para entregar a sus hijos como soldados.

El nombre de Antonia Nava está inscrito con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro, sede del Congreso de la Unión de México.

Fuente: Wikipedia.com

Gertrudis Bocanegra de lazo de la Vega


* En la Plaza principal de Pátzcuaro, se encuentra el monumento a Vasco de Quiroga, gran misionero que murió en Michoacán a los 87 años.

A unos 300 metros de esta plaza se encuentra otra, más pequeña, en donde hay un monumento a una mujer, personaje del movimiento de Independencia.

Ella es Gertrudis Bocanegra de lazo de la Vega, nacida en Pátzcuaro en 1765 y fusilada en la misma plaza en 1818, esto es, a los 53 años.

Gertrudis procedía de una familia Española dedicada a las actividades comerciales, por lo cual tenía una vida, podría decirse, sin limitaciones.

A los 18 años se había casado con un miembro del Ejército Realista, apellidado Lazo de la Vega y tuvo 1 hijo y 3 hijas.

Al lanzarse a las armas Hidalgo y Allende, el esposo y el hijo de Gertrudis se unen al Ejército Insurgente cuando éste pasa por Valladolid (hoy Morelia).

Meses más adelante, ambos, padre e hijo mueren, el primero en batalla y el segundo fusilado, quedando Gertrudis viuda.

Durante años se agregó a las fuerzas Insurgentes aportando dinero, adquiriendo pólvora y armas y aportando informes y comida, así como organizando reuniones en su casa con propósitos independentistas.

En 1818, fué denunciada ante las autoridades virreinales por su participación en el movimiento Insurgente.

Durante su proceso evitó denunciar a sus correligionarios.

Al terminar su juicio fué condenada a muerte cumpliéndose su ejecución por fusilamiento en la misma Plaza que hoy lleva su nombre.

* Fuente: http://exploramex.com/?p=51

Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín


N: XVIII, 1790 (?),
Ciudad de México, México
M : 1821 (?)

Combatiente Insurgente

Fuente: Aurora Tovar Ramírez, 1500 mujeres en nuestra conciencia colectiva: Catálogobiográfico de mujeres en México. México, DEMAC (Documentación y Estudios deMujeres A. C.) 1996.

No hay acuerdo en la fecha de su nacimiento.

Principal organizadora de la conspiración que tuvo lugar en la ciudad de México en el mes de abril de 1811 y en la cual intervinieron múltiples personas de la colonia, lo que demuestra lo extendido que estaba, en la capital del virreinato, el ideal de independencia.

En casa de Manuel Lazarín, esposo de Mariana, hombre acomodado, parcionero de la famosa mina La Valenciana, se celebraban tertulias, aquellas famosas tertulias del siglo XIX, a la que concurrían jóvenes inclinados a los ideales de emancipación.

En un día de tertulia, llegó la noticia a México de la detención de Hidalgo y de los demás jefes insurgentes y, como era natural, se comentó en ella el acontecimiento.

Casi todos estaban consternados por la noticia y, ante los comentarios, Mariana Rodríguez del Toro, exclamó: "Hemos de aprehender al virrey y ahorcarlo".

Iniciándose la conspiración cuya finalidad era efectivamente, aprehender al virrey y, en lugar de ahorcarlo hacerlo prisionero y trasladarlo al lugar a donde se encontraba la Suprema Junta presidida por Ignacio López Rayón. Para este fin, Mariana Rodríguez asistía, con los capitanes Francisco Omana y Tomás Castillo, al Paseo Nuevo, donde Venegas tenía acampadas las tropas de la guarnición desde los días de la insurgencia. De esta manera, Mariana Rodríguez era conocida e incluso familiarizada con muchos oficiales que, en el momento dado habían de dar el golpe y aprehender al representante de España.

Se llegó a señalar el día para tal empresa y se movieron las masas para que, a la vez, hicieran un movimiento popular y, apoderándose de las autoridades diversas, se facilitara la proclamación de la independencia. Da idea de la extensión que tuvo el movimiento, el hecho de que muchos eclesiásticos y comunidades religiosas entraran en la conjura.

Uno de los conspiradores, José María Gallardo, pensó que bien podía morir en la empresa y que era necesario disponerse cristianamente; con este fin fue a confesarse con el P. Mercedario Camargo, quien, en conocimiento del secreto, lo denunció alvirrey. Una vez preso Gallardo, este denunció a todos los demás componentes de la intriga y así aprehendieron a los esposos Lazarín y la mayor parte de los que habían estructurado los planes. La sentencia fue dictada por la Junta de Seguridad y Buen Orden, presidida por Miguel Bataller. Mariana y su esposo estuvieron presos hasta diciembre de 1820 y, gracias a Anastasio Zerecero recobraron la libertad después de diez años.

Leona Vicario

Investigación y Guión: Conti González Báez

María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador nació el 10 de abril de 1789 en la Ciudad de México, hija de Gaspar Martín Vicario, un español peninsular y de doña Camila Fernández de San Salvador, una noble criolla. Pudo educarse al nivel de los hombres, algo raro en esa época, recibiendo desde niña una sólida formación intelectual que le fue muy útil, ya que le tocó vivir años muy importantes en la historia de nuestro país.

Sus padres la apoyaron en lo que quería hacer y se desarrolló bajo su motivo de vida: "Me llamo Leona y quiero vivir libre como una fiera". Le entusiasmaba leer y escribir, pero valoraba el trabajo doméstico de igual forma. Sus lecturas eran de lo más diversas y versaban desde los adelantos científicos a obras filosóficas, religiosas y literarias.

Sus padres murieron cuando aún era muy joven, por lo que quedó bajo la tutela de su tío materno y padrino, el abogado Agustín Pomposo Fernández de Salvador. Leona era una mujer de férreo carácter, que desde un principio comulgó con la causa de la independencia y lo proclamaba sin ningún empacho desde el balcón de su casa.

En el despacho de su tío conoció al joven yucateco Andrés Quintana Roo, pasante de derecho, del que se enamoró. Ambos compartían las mismas ideas de libertad y eso afianzó su relación, a la que se opuso el abogado Fernández de San Salvador, enemigo acérrimo de los insurgentes.

Andrés Quintana Roo, quien ya pensaba unirse a los insurgentes, pidió la mano de Leona a Don Agustín, quien se la negó, argumentando que el joven era pobre. Andrés se trasladó a Tlalpujahua, donde se unió a las fuerzas de Ignacio López Rayón y, ante la forzosa separación, la joven buscó la manera de ayudar por su cuenta a la causa de la independencia.

Leona Vicario, junto con su primo, hijo de su tutor Fernández de San Salvador y su hermana, la Marquesa de Vivanco, tomó parte en la concepción del proyecto insurgente desde el mismo centro de su élite. Ayudó al movimiento libertario en todo lo que le era posible. Leona distribuía la correspondencia rebelde, recibía en su casa a los jefes, ayudaba a las familias de los apresados y fue miembro del grupo de los “guadalupes”.

Teniendo la capacidad y recursos para ser partícipe y libre, gastó el patrimonio que había heredado, aún sus joyas, enviando a los insurgentes dinero e información acerca de los movimientos políticos y militares que observaba en la capital del virreinato.

Su principal medio de expresión era la escritura y por esta vía fue una invaluable líder insurgente. Se comunicaba mediante informes en clave publicados en el periódico “El Ilustrador Americano”. Leona Vicario tomó los nombres de sus personajes literarios favoritos para aplicarlos a los conspiradores “guadalupes” y a los insurgentes en el campo de batalla. Fue ella quien bautizó con seudónimo de guerra a José María Morelos, Miguel Hidalgo, Ignacio López Rayón y tantos otros de los principales líderes insurgentes. Hoy es considerada no sólo como heroína de la independencia, sino también como la primera mujer periodista de México.

También enviaba y recibía noticias por medio de heraldos secretos, haciendo llegar a los conjurados dentro de la capital los informes que Quintana Roo le enviaba desde los campos de batalla. Ella fue quien dio la noticia en México de que los insurgentes acuñaban moneda propia. Asimismo, proveyó de armas y comida al ejército rebelde y trató de convencer a los mejores armeros vizcaínos de que se unieran a la guerra de independencia, por lo que fue delatada como conspiradora, siendo aprehendida y recluida en su casa, bajo la vigilancia de su tutor.

Vicario, de espíritu rebelde, se escapó y huyó al pueblo de San Juanico, Tacuba, en donde reunió a varias mujeres, entre ellas su ama de llaves, con el propósito de unirse a la causa insurgente.

Don Agustín, al percatarse de la ausencia de Leona, llamó a las fuerzas reales para buscar a la joven insurgente; esto hizo que descubrieran su iniciativa rebelde en Tacuba, por lo que fue procesada el 13 de marzo de 1813. Al ser amenazada con pasar el resto de su vida en la cárcel si no delataba a las personas resguardadas bajo los seudónimos de su invención, Leona Vicario eligió la cárcel perpetua. Fue sentenciada a permanecer en el Convento de Belem de las Mochas, en la Ciudad de México y le fueron confiscados todos sus bienes.

El 22 de abril de ese mismo año, seis hombres disfrazados de fuerzas reales la rescataron y sacaron de la ciudad con rumbo a Oaxaca, donde se encontraba Morelos. Leona llevaba bajo su amplia falda una pequeña imprenta, pues los rebeldes editaban en forma rudimentaria su periódico “El Ilustrador Nacional“. Participó en algunos combates y continuó difundiendo las noticias sobre lo que ocurría en el frente de batalla, como corresponsal de guerra.

Tres años más tarde, en 1816, Leona Vicario contrajo matrimonio con Andrés Quintana Roo en Chilapa. La pareja acompañó a las tropas de José María Morelos, padeciendo peligros y penurias, compartiendo todas las vicisitudes de las campañas militares.

Siguieron al Congreso de Chilpancingo hasta la captura de Morelos, cuando tuvieron que emprender una penosa peregrinación durante un año, a salto de mata por las abruptas serranías, buscando refugio en la sierra de Tlatlaya, en el Estado de México. Allí, el 3 de enero de 1817, en una cueva de la montaña, nació Genoveva, su primogénita, de la que fue padrino Ignacio López Rayón.

Quintana Roo tuvo que huir, dejando escrita una carta en la que solicitaba el indulto, para que su esposa la entregara al ser aprehendida. Un año después, Vicente Vargas, al mando de veinte soldados de las fuerzas reales, sorprendió en su refugio del pueblo de Tlacocuzpa a Leona Vicario y a su pequeña, a quienes condujo a Temascaltepec, donde se encontraron con la buena nueva de que se les había concedido el indulto solicitado por Don Andrés para su familia, aunque éste debían cumplirlo en España.

El valeroso matrimonio se vio obligado a acogerse al indulto, fue exiliado a España y, finalmente, confinado en la ciudad de Toluca, donde Leona y Andrés residieron hasta 1820, cuando regresaron a la Ciudad de México. Aquí, Andrés Quintana Roo se dedicó al ejercicio de su profesión de abogado y a escribir obras literarias e históricas.

Leona Vicario, a pesar de haber traído al mundo a sus dos hijas en plena campaña insurgente, fue una mujer cuya convicción ideológica la llevó a sacrificar todas las comodidades materiales a cambio de mantener una congruencia de pensamiento y acción.

Una vez consumada la independencia, Leona y Andrés se mantuvieron muy activos en la defensa de la república federal. Andrés Quintana Roo fue diputado, senador y presidente del Tribunal Supremo de Justicia. Abrazó la logia yorkina y fue secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Gómez Farías. Leona, además de colaborar con él en sus tareas políticas, combatía con su pluma los actos que le parecían en contra de la nación mexicana. Ambos actuaron siempre con una gran inteligencia política.

El Congreso de 1822 decidió que Leona Vicario recibiera, en reconocimiento a su labor a favor de la causa de la independencia y como restitución de parte de sus bienes incautados por el gobierno virreinal, las propiedades de la calle de Santo Domingo esquina con Cocheras, hoy Brasil esquina con Colombia, así como las propiedades de los números 9 y 10 de esta última calle.

Leona y su esposo, Andrés Quintana Roo, pasaron a habitar la casa, donde vivieron durante 19 años. Como la propiedad resultaba adecuada para dividirse en dos partes, Leona y Andrés vivieron en los altos y rentaron la parte baja, según la costumbre de la época.

Tuvieron como primer inquilino a Antonio López de Santa Anna, famoso por haber encabezado el Plan de Casamata que terminó con el gobierno del emperador Agustín Primero. En este tiempo se decía que Santa Anna era novio de la sobrina de Leona, María Luisa Vicario.

También se comentaba que la casa lucía muy bonita, con macetas bien cuidadas y faroles vistosos. Se veía siempre gran movimiento de gente que entraba y salía, unos para entrevistarse con el diputado Quintana Roo, otros para visitar al hombre del día, Santa Anna.

Leona Vicario murió a las nueve de la noche del 21 de agosto de 1842, a los 53 años de edad, en la casa de Santo Domingo. Nueve años le sobrevivió Andrés Quintana Roo, su amante esposo y compañero de incontables aventuras libertarias.

La vieja casona ubicada en Brasil 77 esquina Colombia 3, en el Centro Histórico, ha sido convertida en el Museo Leona Vicario. Hay dos placas en la fachada con las siguientes inscripciones: "Dedicada a la Heroína de la Independencia" en azulejo; mientras que la otra dice: "La mujer mexicana a Leona Vicario en reconocimiento a sus servicios a la Patria.".

En 1900 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres y en 1925, al monumento del Ángel de la Independencia, donde reposa al lado de los demás caudillos de ese movimiento.

Desde 1948, el nombre de la heroína ilustre Leona Vicario se encuentra escrito con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, como representante de la mujer mexicana que nos dio patria.

Leona Vicario fue una mujer ejemplar que, sin pensar en su destino personal, participó en las luchas de nuestro pueblo por obtener su libertad en todos los órdenes y mejorar sus condiciones de vida.

Doña Josefa

Por Francisco Martín Moreno

Si la historia de México ha sido, por lo general, dolosamente manipulada y alterada, la vida de una mujer ilustre, ínclita y perínclita, como sin duda lo fue, doña Josefa Ortiz de Domínguez, no podía escapar al sabotaje de su ejemplar figura.

En la escuela nos enseñaron, de la misma manera en que fueron instruidos nuestros maestros, igualmente engañados, que el papel histórico desempeñado por doña Josefa había quedado reducido al hecho de informarle a Allende, cuando éste ya se encontraba en Dolores, Guanajuato, en la parroquia de Miguel Hidalgo, que el movimiento de independencia ya había sido descubierto y que, por lo mismo, era urgente detonarlo de inmediato, antes de que las fuerzas realistas sorprendieran y atraparan a los insurgentes involucrados. No olvidemos que el estallido de la guerra de independencia había sido fijado para la primera semana de octubre de 1810, por lo que tendrían que adelantarse, por lo menos, veinte días los acontecimientos.

Se dice, y se dice sin ajustarse nuevamente a la verdad, que Miguel Domínguez, el Corregidor, estaba lógicamente del lado de las fuerzas realistas, como representante del virrey en Querétaro y que, por lo mismo, se oponía a la independencia de México y en consecuencia, a las ideas de su esposa y de quienes estructuraban audaz y talentosamente, la estrategia insurgente. Nada más alejado de la realidad: Miguel Domínguez, operaba de manera encubierta, también a favor de la libertad y del rompimiento de las cadenas que nos unían con España. Marido y mujer, doña Josefa y don Miguel, no eran adversarios políticos, si bien, doña Josefa estaba dispuesta a alcanzar sus metas con arreglo a la violencia, su marido proponía una solución más tersa y pacífica en la que los acontecimientos se dieran de manera pacífica y civilizada. Doña Josefa no podía discrepar más de esta actitud, pues sabía que los españoles, los capataces de la Nueva España, jamás abrirían la mano voluntariamente y que habría que habría que fracturárselas y rompérselas con la culata de los mosquetes para que entregaran finalmente lo que era propiedad del pueblo de México. Lo destacable era que ambos deseaban la independencia por diferentes medios pero finalmente la deseaban.

Aquella noche del 15 de Septiembre de 1810, cuando Josefa mandó a un mensajero para avisarle a Allende del peligro que corrían y de la importancia de detonar el movimiento armado, doña Josefa lo hizo desde su habitación, encerrada en con todas las llaves posibles, para que no fuera a cometer, según su marido, una tontería, puesto que el corregidor ya había empezado a arrestar a los cómplices. Era claro que Josefa Ortiz de Domínguez nunca comprendería que el corregidor no tenía otra alternativa, más que aprehender a los cabecillas, para después concederles su libertad, de modo que él mismo conservara su cargo y no estuviera involucrado en una actividad delictuosa, que no solamente le costaría el puesto, sino tal vez la vida misma. Don Miguel tenía que actuar con una gran discreción y talento, para cuidar a su mujer, su posición política, su vida y no permitir que el movimiento abortara, antes de haberse consolidado.

Si bien es cierto que el papel de la corregidora ha sido parcialmente reconocido por la historia, su protagonismo no se redujo únicamente a avisarle a Allende aquella noche del 15 de Septiembre de 1810, sino que su amor por el México nuevo terminó con su vida hasta 1829, diez y nueve años en que se desconoce su involucramiento en diversos episodios que siguieron a la independencia y que, por supuesto, deben ser acreditados en estas páginas. ¿Por qué no se ha difundido el hecho de que la corregidora, tuvo nada menos que trece hijos con don Miguel Domínguez, además de otra más, María Magdalena, cuyo padre fue nada menos que Ignacio Allende, el verdadero iniciador de la independencia de México, como ya ha quedado consignado en estos mismos espacios? ¿No tienen vida amorosa los líderes de la historia patria? ¿Son héroes de mármol blanco intocables e inalcanzables sin debilidades y fragilidades humanas?

Debe subrayarse que cuando doña Josefa supo del fusilamiento de Allende y de Hidalgo a mediados de 1811 en Chihuahua, no por esa razón dejó de intervenir ni de promover ni de involucrarse en el movimiento que finalmente habría de traducirse en la conquista de la libertad de la Nueva España. No qué va, de los años de 1810 a 1829, estuvo, con sus debidos espacios e intervalos, seis años encerrada en conventos, privada de la libertad, por haber atentado en contra de la corona, del virreinato y de la Metrópoli, los intereses españoles.

Las autoridades políticas de la Nueva España no entendían cómo era posible que don Miguel Domínguez no pudiera controlar a su mujer, quien a pesar de estar embarazada, desafiaba, una y otra vez a la autoridad reuniéndose en secreto con rebeldes, con conjurados, sublevados, amotinados e insubordinados, muy a pesar de saber a ciencia cierta que sería encarcelada dejando a sus hijos sin la posibilidad de ser atendidos por su madre, tal y como aconteció en diversas ocasiones. No resulta fácilmente explicable el hecho de que una mujer, tan involucrada en la libertad y en la política, jamás se hubiera detenido en su protagonismo, con tan sólo pensar en sus hijos, en su marido y en su familia.

Después del fusilamiento, de la excomunión, de la degradación y de la decapitación de Hidalgo, la corregidora apoyó a López Rayón, el heredero de Hidalgo, y también a José María Morelos y Pavón, ex alumno del Colegio Nicolaíta, en Valladolid, cuando el cura Hidalgo era el rector en aquella famosa escuela.

Acaso el amable lector que pase la mirada por estas líneas, se atreverá a pensar que después del fusilamiento de Allende y de Hidalgo, y después del de Morelos ya en 1815, doña Josefa abandonó toda esperanza de continuar luchando por la independencia? ¡Por supuesto que no! Doña Josefa apoyó posteriormente a Guerrero, quien luchaba, desde el sur de México, por la independencia, ya muy menguado el movimiento de resistencia y prácticamente destruido. Pues hasta allá iría doña Josefa para no dejarse vencer: ¡Jamás se dejaría vencer! ¿Por qué entonces sus huellas se pierden después de 1810 cuando continuó muchos años más en una incansable labor política?

Cuando la iglesia católica invitó a Iturbide para que consumara la independencia hasta 1821, nuestra heroína se resistió definitivamente al surgimiento del primer Imperio Mexicano. Ella alegaba, con toda razón, que, si bien es cierto, se había suscrito ya un Acta de Independencia en septiembre de 1821 y México ya era independiente, también era cierto que, no por el hecho de haber logrado convertirnos en una nación soberana, por esa razón había acabado la explotación de los indígenas, de los mestizos y de los mulatos.

Antes la explotación estaba a cargo de los españoles y en el México independiente, una vez expulsados éstos, el poder recayó en los criollos, quienes, de ninguna manera, estaban dispuestos a cambiar el estado de cosas, ni terminar con la esclavitud, ni acabar con las haciendas y sus odiosas explotaciones, ni extinguir los privilegios legales, ni permitir, ni mucho menos, que todas las personas fueran iguales en los términos de la ley. La desigualdad y la corrupción continuaban. ¿Entonces para qué la independencia? Sólo se había cambiado de nombres de los dueños del país pero todo continuaba idéntico?

Se había logrado la independencia, sí, pero no se había logrado lo más importante para doña Josefa: rescatar de la miseria, del analfabetismo y de la ignorancia, al noventa y ocho por ciento de la población, objetivo que desde luego no compartían los nuevos criollos, más aún en el caso de Iturbide, un déspota que miraba para abajo a los indígenas y en el fondo los despreciaba. No era español, era criollo pero se comportaba, junto con su gabinete y su corte, mucho peor que los propios virreyes.

Cuando Ana María Huarte le pidió a doña Josefa que se convirtiera en dama de su corte, de la primera emperatriz de México, doña Josefa repuso que "prefería ser reina de su casa, antes de ser sirvienta de la Corte", con lo cual tanto Iturbide como su mujer, entendieron y confirmaron la belicosidad de esta mujer. Es conveniente subrayar cómo doña Josefa insistió en el derrocamiento de Iturbide, conjurando en su casa, a pesar de las advertencias de no hacerlo y corriendo nuevamente los peligros del encarcelamiento, el cual no tardaría en producirse, como sin duda se produjo.

Cuando finalmente fue derrocado Iturbide, y se exilió a Italia, al saber de sus intenciones de volver a México, doña Josefa participó de manera activa en la redacción de un decreto, por medio del cual se autorizaba a cualquier persona a pasar por las armas a Agustín de Iturbide. El congreso mexicano daba así una autorización para matar a Iturbide donde se encontrara y sin trámites previos de ninguna naturaleza. Es claro que, cuando llegó a Tampico, Iturbide fue arrestado y fusilado en Padilla, en 1824.

Imposible olvidar cuando el primer Presidente de México independiente, Guadalupe Victoria, visitó a Josefa y a su marido, quien había gastado buena parte de su fortuna, de su prestigio, de sus conocimientos como abogado, para tratar de rescatar una y otra vez a su mujer de la cárcel, objetivo que logró en todas las ocasiones sin ninguna excepción. Cuenta la historia, que doña Josefa Ortiz de Domínguez, corrió de su casa al propio Guadalupe Victoria, porque era imposible ponerse de acuerdo con él. ¿Quién puede imaginarse a una mujer que larga de su casa al nuevo Jefe del Estado Mexicano llamándolo hipócrita por no encontrar congruencia en sus planteamientos?

Así nos acercamos con este personaje crítico de la historia, hasta 1929, cuando supo de los planes de Vicente Guerrero para asestar un golpe de Estado en contra de Gómez Pedraza y hacerse del poder. Esta decisión tampoco la aprobó doña Josefa cuando ya era muy tarde, puesto que ella falleció en marzo de 1829, rodeada sólo de algunos de sus hijos, puesto que había descubierto que el mayor había formado parte del ejército realista y que además, había colaborado en el imperio de Iturbide. Ella no permitiría tener a su lado a un hijo traidor, que había trabajado al lado del tirano. Murió sin permitirle pisar su casa ni despedirse de su madre.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Falsas ideas sobre los papeles/roles sexuales en la Prehistoria



Por Francisca Martín-Cano Abreu. Las narraciones que la mayoría de las personas han imaginado sobre la Prehistoria (período que desde luego no han estudiado en libros científicos), están mediatizadas por una educación influenciada por los valores vigentes en la cultura patriarcal en que nos desenvolvemos -”del varón dominando a la mujer”- y presente en el inconsciente colectivo. Y condicionados por los valores y las creencias de su presente, las han proyectado sobre el pasado, sacando la conclusión de que el estereotipo sexual de su realidad circundante y la distribución de roles de “las mujeres dependientes y los varones sustentadores jefes de familia” siempre ha sido así.

De ahí que sus narraciones, condicionadas por esos valores del patriarcado, sean totalmente erróneas para la época arcaica, según diferentes estudios antropológicos de la Prehistoria y de otras sociedades primitivas.

EN LA PREHISTORIA NO EXISTÍA VINCULACIÓN MASCULINA: FAMILIA MATRICÉNTRICA

Por ejemplo, el hecho de que imaginen que el varón prehistórico tenía una familia que dependía de él y que su esposa esperaba un bebé suyo, no se atiene a los hechos prehistóricos. La mujer en la Prehistoria no se vinculaba al varón, ella sola se cuidaba de alimentar a su prole (y lo mismo ocurre entre nuestros parientes primates; sólo cuida de su prole la hembra), así que no era posible que un varón quisiese cazar para una esposa.

Y no existía vinculación masculina porque el varón desconocía ser el causante de la fecundación femenina, por lo que no tenía sentido formar una familia o responsabilizarse de los hijos de una mujer. Por ello el varón no podía saber que, cuando una mujer estaba embarazada, él era el causante. De forma que nuestro varón de la Prehistoria no podía saber que iba a ser padre.

Existen numerosas evidencias de la creencia arcaica de que el varón no era responsable de la procreación, creencia que siguió muchos siglos vigente en pueblos primitivos. Manifiesta al respecto Cristina Frade (1996): “Algunos investigadores siguen creyendo que el hombre de la Edad de Piedra no asociaba el sexo con lo que podía llegar nueve meses más tarde”.

Leemos en la Enciclopedia Espasa (1988): “el sociólogo escocés (Mac Lennan) parte del supuesto de que la incertidumbre de la paternidad fue lo único que determinó la fase matriarcal”.“Todd cita algunos ejemplos de pueblos que desconocen la intervención del varón en el acto de la generación”.

Los Bellonais de las isla Salomón, según narra Burguiére (1988): ” ignoraban, hasta la llegada de los misioneros en 1838, la relación entre copulación y procreación. Si una mujer casada quedaba embarazada, ello no se debía a que hubiera mantenido relaciones sexuales con su marido, sino a que los dioses y los antepasados del patrilineaje de su esposo estaban satisfechos con dicha alianza y le daban descendencia”.

Precisamente el poder que tenía la mujer cuando en el matriarcado formaba una fuerte unidad económica y muy poderosa con sus hijos (la familia era matricéntrica), fue lo que motivó que los varones le quitasen la independencia e inventasen el matrimonio y la familia patriarcal; pero esto ocurrió en época en que nuestros ancestros se alimentaban ya de los productos vegetales de la agricultura y de la carne procedente de animales domesticados.

En relación a ello, Campbell (1991) afirma: “Sin duda, en las primeras edades de la historia humana el milagro y la fuerza mágica de la mujer fue una maravilla no menor que el universo mismo, y esto dio a la mujer un poder prodigioso, y una de las preocupaciones principales de la parte masculina de la población ha sido destruirlo, controlarlo y emplearlo para sus propios fines”.

Reitera Pirenne (1982): “la formación de la familia patriarcal ha cambiado profundamente las ideas sociales”.Y Mayr (1989): ” la familia natural y la «comunidad» matriarcal queda reemplazada por la «sociedad», del mismo modo que el politeísmo anterior y el panteísmo matriarcal quedan subsumidos en el monarquismo y el monoteísmo propios del Estado”.

LOS PRODUCTOS DE LA RECOLECCIÓN ERAN CRUCIALES PARA ALIMENTARSE EN LA PREHISTORIA

Tampoco han estado acertados al imaginar que la alimentación de los primitivos grupos humanos fuese tan dependiente de los productos de la caza. Y existen numerosas evidencias de que para las poblaciones arcaicas de cazadores-recolectores, la carne no era tan importante y que en la Prehistoria se alimentaban de manera muy variada.

Lo confirma Lichardus, Jan y Marion (1987) cuando manifiestan que: “… la alimentación cárnica no pudo desempeñar un papel tan importante como a veces se pretende.” Y refiere Olivia Harris (1979) (pues): “…se ha demostrado que la dentición de los homínidos ancestrales -como la nuestra- es más apropiada para moler y no para punzar, desgarrar o mascar carne”.

Diferentes estudios han puesto de manifiesto que en realidad la mayoría de los alimentos provenían de la recolección, tarea femenina. Como dice Llul y Sanahuja (1994): “En la sociedad paleolítica, las mujeres tuvieron un importante papel en la alimentación del grupo, puesto que, al parecer, fueron ellas las que lo abastecieron de productos procedentes de la recolección…”.

“Sally Linton, en 1971, es la primera antropóloga, que…, propone un modelo contrapuesto al anterior, el modelo recolector. Son las homínidas las que recolectaron, las que inventaron los primeros instrumentos (palos cavadores y contenedores para transportar los productos vegetales y las crías) y las que, en principio, compartieron la comida con sus crías”.

Estos estudios han sido complementados con los datos brindados por los estudios de las economías mixtas, de las poblaciones actuales primitivas de cazadores-recolectores. Como los encontrados por Lee en los bosquimanos Kung de Botswana del áspero desierto de Kalahari en Suráfrica, que se comparan con las de los cazadores-recolectores paleolíticas, para poder deducir lo que debió ser con anterioridad. Nathan (1987): dice: “El trabajo de Richard Lee … ha ayudado a destruir algunos estereotipos sobre los grupos de cazadores y recolectores…”.

Y, más adelante, considera que: “… apoyan la teoría de que la carne y la caza no son tan importantes en el proceso de hominización”. Ya que la carne sólo constituye una tercera parte de la dieta de los actuales cazadores. Y, además, aduce: “… el sector femenino de la mano de obra era el único verdaderamente productor de calorías. Los hombres cazan y a veces vuelven con carne de animales grandes; éste es un alimento muy apreciado, pero de hecho no constituye más que una tercera parte del total del consumo de calorías”.

EN LA PREHISTORIA LA CAZA NO ERA TAREA EXCLUSIVA DE VARONES: CAZABAN AMBOS SEXOS


También resulta ser falso el hecho que indica que en la Prehistoria los varones cazaban y las mujeres cocinaban lo traído por su esposo. Este estereotipo es típico del androcentrismo (en palabras de Victoria Sau: enfoque unilateral que toma al varón/hombre como medida de todas las cosas) de algunos historiadores que han extendido la creencia de que era ejecutada exclusivamente por los varones, distorsionando la participación real femenina y cooperativa, ya que toda la banda cazaba y viajaba junta, como lo creía Gordon Childe y otros posteriores eminentes historiadores.

Y confirmada por diferentes manifestaciones plásticas de muchos lugares distintos que presentan a mujeres cazadoras. Algunos ejemplos son las pinturas de escenas de caza prehistóricas: cazadoras capsienses de África del sur, de Damaraland y de Bramberg/Brandbers, pintada hace más de 6.000 años y las de la costa levantina española de alrededor del año 5.000 adne (antes de nuestra era).

PINTURAS CON “ESCENAS DE CAZA” NO TENÍAN FINALIDAD PROPICIAR LA CAZA

También respecto a la creencia, ampliamente divulgada, de que las obras de arte arcaicas con escenas de caza, tuviesen la finalidad de propiciar la caza de animales que servirían de alimento, ha resultado ser falsa. Leroi-Gourhan (1983) ya discrepaba de tal interpretación cuando hace 50 años se preguntaba por qué, si se creía que la pintura de animales propiciaba la caza, no coincidían los restos de animales comidos con los pintados. Y, así, se preguntaba: “¿por qué no hay más que una única representación del reno en Lascaux, mientras que está presente con exclusividad entre los restos óseos, restos de comidas que cubrían el suelo de la cueva?” Tras estudiar gran número de yacimientos comprobó que los restos de huesos de animales comidos hallados, no eran los representados en ninguna de las obras de arte en las que aparecían escenas de caza.

O sea, que el estudio de las manifestaciones artísticas con escenas de caza, realizadas por nuestros ancestros de la Prehistoria, junto con el estudio de los restos de comida, no verifica la interpretación de que la finalidad de las obras de arte con escenas de caza fuera propiciar la caza.

De manera que los hallazgos científicos evidencian que las obras de arte con escenas de caza no reflejan “escenas de la vida cotidiana”: no se comía los animales representados en las escenas de caza. Y además fueron realizadas por pueblos recolectores o agricultores (no fueron realizados por pueblos cazadores), en los que no tenía importancia la caza para alimentarse.

METÁFORAS ASTRONÓMICAS

Tampoco en la forma en que estaban reunidas un grupo de estrellas, nuestros ancestros asociaron, sin más, a la figura de un bisonte. Ni la representación artística de una “escena de caza” pretendía cazar bisontes. En realidad todo fue mucho más complicado.

Las escenas tenían una finalidad simbólica, no literal. Y tenía una finalidad astronómica-climática.Nuestros ancestros veían cómo se movían las estrellas, reunidas en constelaciones a lo largo de cada noche y del año. Y la forma en que de manera cíclica unas se iban ocultando por el horizonte oeste y no volvían a aparecer hasta pasados unos meses por el horizonte este. También observaron cómo se sucedían los fenómenos climáticos: lluvia, heladas, florecimiento de la vegetación, frutos, sequía, … Y asociaron las constelaciones con los fenómenos, y realizaron obras de arte con metáforas al respecto.

De forma que los motivos de gran parte de las obras de arte arcaicas (que pueden formarla figuras humanas, animales, antropozoomorfos, motivos abstractos, objetos, dibujos geométricos, etc.) tienen un significado astronómico, es decir, reflejan constelaciones con nombres humanos, de animales, de antropozoomorfas, o de objetos.

Así como los fenómenos coincidentes, benéficos o maléficos, para el crecimiento de la vegetación. Pero lo reflejan con metáforas formales o metáforas funcionales o metáforas semántica, etc.

Por lo que, según mi hipótesis, cualquiera de las imágenes de cazadoras que acompañan este artículo, no fueron realizadas para propiciar la caza de animales que iban a servir de alimentos, sino para asegurar que, coincidente con las constelaciones cíclicas que reflejan metafóricamente, apareciesen los fenómenos esperados, y que se creían eran enviados por la Divinidad que estaba al frente del mundo.

Y, por tanto, las obras de arte de “escenas de caza” intentaban propiciar la abundancia vegetal, en época en la que nuestros ancestros se alimentaban de la agricultura.

DIOSAS Y MUJERES SACERDOTISAS / MAGAS: SUS REPRESENTANTES / VICARIAS EN LA TIERRA

Tampoco el imaginar que en época prehistórica un varón “rezase” al Dios de la caza o realizase el ritual propiciatorio, se atiene a la realidad. Resulta que durante los últimos 40.000 años de la Prehistoria humana, según evidencias arqueológicas, sólo se rendía culto al Principio femenino: por lo tanto sólo se le “rezaría” a la Diosa.

Las obras de representaciones humanas, legadas durante este período por nuestros ancestros, son exclusivamente femeninas: imagen de la más antigua Diosa que adoró la humanidad. Así que en la Prehistoria los varones no podían rezar al “Dios de la caza” sino a la Diosa: Diosa Madre Naturaleza, a la que creían responsable de todos los fenómenos.

Posteriormente, tras la revolución patriarcal, se le quitó el trono. Respecto a ello, manifiesta Mayr en la obra citada (1989): “La religión, el culto de Demeter, se transmuta en el culto de Atenas, así como los misterios dionisíacos en apolíneos.

A pesar de todo quedan restos matriarcales, desvalorizados ahora como negativos: y, así, desde el nuevo punto de vista patriarcal, lo ctónico o terráceo, lo femenino y lo demoníaco quedan estigmatizados. Así como los titanes son destronados por el Olimpo, así también el Racionalismo continuará esta destronización de los dioses paganos (Magna Mater Deum), en la Gran Madre de los demonios…”.

Y dice de las Diosas Ninfas y Nereidas: “Se trata de figuraciones femeninas de la Gran Madre que en la religión olímpica del periodo hemético se representan como hijas de Zeus, si bien su genealogía es obviamente matriarcal: son hijas de Gaia, la Madre Tierra, y así lo reafirma su relación con …”.

Asimismo, tampoco sería el varón el que “rezase” o implorase a la Divinidad, que enviase suficientes alimentos. En principio, dado que era la mujer quien proporcionaba el alimento a sus hijos, sería ella la que buscaría el medio de asegurarlo. Por lo que ella sería la que imploraría a la Diosa Madre Naturaleza que no la abandonara.

Igualmente, dado que en esta etapa, quienes estaban encargadas del culto a la Diosa eran sus representantes mujeres, sólo había sacerdotisas, sólo ellas serían las que realizarían los rituales propiciatorios a la Diosa para hacerle llegar las peticiones de los fieles. Sólo ellas eran sus intermediarias.

Afirma Pomeroy (1987) de las sacerdotisas a principios de los tiempos históricos: “Los cultos femeninos eran supervivencias de un período matriarcal cuando toda la religión estaba en manos de mujeres”.

Y dado que en esta etapa se alimentaban de la recolección y de la caza de animales herbívoros, con las representaciones artísticas, se pediría a la Diosa que enviase los fenómenos favorecedores del crecimiento de la vegetación, alimento básico tanto de los seres humanos que se alimentaban de la recolección, como de los animales susceptibles de ser cazados (herbívoros), para que así engordasen y se multiplicasen.

BIBLIOGRAFÍA

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